Michael Burry vuelve a dar que hablar. El hombre que previó el colapso inmobiliario de 2008 ha publicado en su blog de Substack unas reflexiones que no han dejado a nadie indiferente. Fiel a su estilo de ir a contracorriente, ahora mismo está perdiendo la fe en Palantir Technologies y, como contrapartida, ha empezado a apostar por Salesforce abriendo una nueva posición en el gigante del software. Todo esto sucede en un mercado completamente obsesionado con el despliegue publicitario de la inteligencia artificial. Las decisiones de Burry abren un debate mucho más profundo: en medio de este “SaaSpocalipsis” desatado por las nuevas herramientas de IA, donde cualquier empresa dice ser “nativa en IA”, cuesta diferenciar quién aporta valor real a largo plazo y, sobre todo, a qué precio.
Radiografía financiera de Palantir
Para entender las reticencias de Burry, basta con diseccionar los números de Palantir, una compañía que desde su fundación en 2003 ha crecido de forma espectacular. Dirigida por su CEO, Alexander Caedmon Karp (palantir.com), la empresa ha alcanzado una capitalización de mercado colosal de 342.220 millones de dólares. Si desgranamos su estructura de capital, vemos un valor de empresa de 335.380 millones, respaldado por una sólida caja de 7.180 millones en efectivo y equivalentes. Su deuda es bastante manejable, situándose en apenas 229,34 millones, junto a unos intereses minoritarios de 100,74 millones.
A nivel bursátil, la propiedad está dividida en 2.290 millones de acciones en total. De estas, un abrumador 95,56% (2.190 millones) forma parte del capital flotante, dejando solo 101,71 millones (4,44%) como acciones de participación restringida. Con una beta de 1,90 a un año, la volatilidad del título duplica casi la del mercado general. Sus acciones cotizaban recientemente a 43,09 USD marcando un ligero repunte del 1,07%, mientras que en el mismo entorno de cotizaciones se observaban otras fluctuaciones en torno a los 141,51 USD con caídas del 1,10%, cifras que reflejan los constantes reajustes del sector tecnológico.
Las métricas fundamentales para determinar su valor razonable son precisamente las que suelen espantar a inversores puristas. Hablamos de un ratio precio-beneficio (PER) de 223,72 veces y una relación precio-ventas disparada de 81,41x. Su beneficio por acción (BPA) básico de los últimos doce meses se queda en 0,68 USD, sin ofrecer además ningún tipo de rendimiento por dividendo.
Una máquina de eficiencia laboral
A pesar de estos múltiplos tan exigentes, la empresa de Karp demuestra ser altamente rentable. Cerraron su año fiscal con unos ingresos de 4.480 millones de dólares y 1.630 millones en ingresos netos. La eficiencia de su plantilla es sencillamente apabullante. Cuentan con 4.430 empleados tras haber sumado 493 nóminas en el último año, lo que supone un aumento del 12,53%. Los datos hablan por sí solos: cada trabajador genera 1,01 millones de dólares en ingresos y aporta casi 366.910 dólares de beneficio neto a las arcas de la empresa. Ahora mismo, los mercados ya tienen la mirada puesta en el próximo 5 de mayo. Ese día presentarán los resultados del primer trimestre de 2026, un periodo en el que el consenso espera un BPA de 0,28 USD y unos ingresos de 1.540 millones.
El olfato de un inversor atípico
Burry nunca ha sido el clásico gestor de fondos. Este antiguo médico convertido en inversor autodidacta se hizo mundialmente famoso por fundar Scion Asset Management, fondo que recientemente ha cerrado. Su historia, llevada a la fama con el libro y la película “La gran apuesta”, se fundamenta en un análisis forense de las empresas. Huye de los relatos prefabricados. Prefiere pasarse las horas muertas escudriñando balances, modelando escenarios de flujos de caja y valorando las ventajas competitivas reales. Si ha puesto la lupa en Palantir y ha preferido mirar hacia otro lado, sus motivos tendrá.
Dos filosofías para gestionar el caos
A simple vista, Palantir y Salesforce podrían parecer primos hermanos dentro de la industria del software empresarial. Ambas operan plataformas en la nube que ayudan a las grandes corporaciones a dar sentido a montañas de datos. Las dos han invertido miles de millones en añadir funcionalidades de IA generativa. Sin embargo, su ADN es radicalmente opuesto.
La principal fortaleza de Palantir radica en sus integraciones de datos basadas en ontologías profundas. Plataformas como Foundry y Gotham actúan como auténticos centros de mando digitales, capaces de fusionar información completamente inconexa para transformarla en inteligencia operativa en tiempo real. Esta especialización les ha permitido conseguir contratos gigantescos con el gobierno de Estados Unidos y grandes empresas del Fortune 500, ya que sus sistemas están diseñados para operar en entornos caóticos y de máxima presión donde las herramientas convencionales fracasan estrepitosamente.
Salesforce juega en otra liga y es el líder indiscutible en la gestión de relaciones con los clientes (CRM). Su modelo de negocio unifica ventas, marketing, comercio y servicios profesionales bajo una visión integral del cliente, todo ello potenciado ahora por su inteligencia artificial, Einstein. Mientras Palantir se mueve como pez en el agua en la analítica a medida para misiones críticas, Salesforce arrasa a la hora de estandarizar flujos de trabajo comerciales a gran escala. Son dos formas totalmente distintas de sobrevivir a la misma tormenta tecnológica.

